Santiago, 12 de Enero de 2012
Amigas y amigos de este maravilloso mundo de la energía:
Quiero agradecer esta oportunidad y quiero aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes los logros, los problemas, las oportunidades y los desafíos de la industria de la energía, pero principalmente para poder compartir con ustedes las bases fundamentales, o la carta de navegación que nuestro Gobierno está y va a seguir emprendiendo en relación a la energía.
Leyendo papeles de mi padre, que era un tradicional miembro del Instituto de Ingenieros, me encontré con una cita del año 1896, de un ingeniero eléctrico, Guillermo Raby, con ocasión de la inauguración de la primera planta hidroeléctrica de nuestro país, en Chivilinco. Y decía: "Con los numerosos ríos torrentosos que atraviesan Chile de cordillera a mar; la inagotable fuerza almacenada en la cordillera en forma de nieve; los grandes desniveles que se pueden conseguir en esas montañas para empresas hidráulicas; y la corta distancia que hay entre la cordillera y el mar, significa que tenemos la esperanza que algún día serán las ciudades totalmente alumbradas por la electricidad; los vehículos de todas las clases arrastrados por su fuerza; sus ferrocarriles, minas e industrias movidas por este poder, e indudablemente -agregaba-, la fuerza hidráulica, en combinación con la electricidad, tendrá un gran porvenir en nuestro país, y el día en que el Gobierno y sus habitantes le dediquen a esta fuerza la atención que merece y dejen de ocuparse con exclusión de otros asuntos que predominan y concentran la atención de los partidos políticos y las ambiciones personales, que malean y corrompen, entonces Chile tendrá un gran futuro".
Leyendo esta frase, pensé que no había perdido ni su relevancia ni su fuerza en los momentos actuales.
Nuestro país ha estado creciendo, y el crecimiento requiere energía para alimentar los hogares, las ciudades, las empresas y la vida cotidiana de todos y cada uno de nuestros habitantes.
Entre el año 86 y el año 98, Chile creció en promedio al 7,4%. Entre el año 98 y el año 2009, ese crecimiento cayó a menos de la mitad, 3,3%, pero las proyecciones, las metas que nos hemos fijado para el futuro, implican que Chile recupera su capacidad de crecer y que crecerá, en promedio, ese es nuestro objetivo, a un 6% al año.
De hecho, en los dos primeros años, 2010 y 2011, el crecimiento estuvo muy cerca de esa cifra y esa meta, a pesar del terremoto y a pesar de la crisis internacional.
Pero este crecimiento requiere alimentarlo con muchas cosas, también con energía.
El desafío de nuestra generación, la meta que nuestro Gobierno planteó al país y a todos los chilenos, es lograr que Chile sea un país desarrollado, sin pobreza y con mayor igualdad de oportunidades, antes que termine esta década.
Eso requiere y exige recuperar la capacidad de crecer, de crear trabajo, de crear emprendedores, y muchas cosas más.
Para eso no basta solamente los viejos pilares, que en algún tiempo algunos pensaron que eran suficientes: una democracia estable, una economía social de mercado, un Estado responsable. Se requiere construir los nuevos pilares, y en eso estamos como país atrasados, y nuestro Gobierno está profundamente comprometido: mejorar la calidad de la educación, fomentar la innovación y el emprendimiento, invertir más en ciencia y tecnología, y lograr derrotar la pobreza y reducir las desigualdades excesivas.
Esos son los pilares nuevos que en nuestro país tenemos que construir.
Pero adicionalmente tenemos dos grandes desafíos con dos recursos que pensábamos que eran infinitos y abundantes, y que los podíamos derrochar, pero que hoy día hemos reconocido que son recursos escasos, que tienen que ser cuidados, que son esencialmente la energía y el agua.
Por esa razón quería compartir con ustedes la agenda o la carta de navegación del Gobierno en el mundo de la energía.
Hoy día tenemos una capacidad instalada de aproximadamente 17 mil megawatts, de los cuales, el 74% está en el Sistema Interconectado Central, un 25% en el Sistema Interconectado Norte Grande, y menos del 1% en los sistemas de las Regiones de Aysén y Magallanes.
Pero la proyección que nosotros tenemos hacia el año 2020, dada nuestra proyección de crecimiento económico, que significa un crecimiento de la energía entre el 6 y el 7%, representa un tremendo desafío. Hacia el año 2020 vamos a tener un consumo de 100 mil gigawatts/hora, lo cual representa el desafío de incorporar 8.000 megawatts de capacidad instalada a nuestro sistema.
De hecho, el consumo de Chile de energía sigue siendo muy bajo. Chile consume en promedio 3.600 kilowatts/hora por habitante, y los países desarrollados consumen tres o cuatro veces más.
Por tanto, lo que debemos anticipar y predecir, sin perjuicio que queremos quebrar la tendencia o desacoplar el consumo de energía del crecimiento económico, lo que tenemos que prever hacia el futuro es que Chile va a requerir más y más energía. Se hablaba de pasar de 17 mil a 40 mil megawatts en los próximos 20 años.
Y nuestra estrategia de desarrollo en el mundo de la energía tiene como horizonte de planificación precisamente 20 años, que si bien se dice que "20 años no es nada, que febril la mirada", es un plazo razonable para planificar una estrategia energética.
Por eso queremos no solamente más energía, sino que queremos una energía que sea segura, limpia y económica. Y sin duda vamos a tener que saber compatibilizar y arbitrar con sabiduría, con prudencia y con visión entre estos tres objetivos.
No es sólo más energía. También la pregunta fundamental es qué tipo de energía queremos para nuestro país.
En los últimos 20 años, básicamente, de tanto discutir y no resolver el tipo de energía que queríamos, nuestra matriz energética se fue carbonizando. Básicamente el incremento en los últimos 20 años más significativo, más del 50% del crecimiento fue combustibles fósiles, gas, petróleo y carbón.
Y por eso hoy día nuestra matriz está básicamente compuesta por centrales que generan energía, quemando combustibles fósiles.
¿Cómo vamos a lograr las metas que nos acabamos de plantear?
El sector eléctrico chileno fue pionero en alguna época en materia de políticas, liberalización, condiciones y competencias, tanto en la generación como en la distribución. Pero hoy día dejó de serlo, y hay muchos otros países que nos han no solamente pillado, sino que superado en materia de una política energética más acorde a los desafíos de los tiempos modernos.
Por eso nuestro Gobierno tomó la decisión de no seguir escondiendo la cabeza como el avestruz. Sabemos perfectamente bien que con las plantas que están en construcción y la capacidad ya instalada, no va a haber una crisis energética durante nuestro Gobierno, pero un buen Gobierno tiene que mirar mucho más allá de su propio período. Y, por lo tanto, tenemos que prepararnos para que esta carta de navegación que nuestro Gobierno ha elaborado y que vamos a dar a conocer públicamente en las próximas semanas, y que hoy vamos a mostrar sus pilares fundamentales, es algo que corresponde a nuestro deber y a nuestra obligación.
Los proyectos de generación y de transmisión, sabemos, y lo dijo el gerente de la generadora, enfrenta muchos problemas, atrasos, incremento de costos, conflictos, problemas de tramitación de las concesiones, de las servidumbres, problemas en la construcción, problemas no solamente de los grandes proyectos, sino que también proyectos pequeños enfrentan muchas veces las mismas dificultades, tenemos una grave debilidad y vulnerabilidad en nuestro sistema de transmisión, por no haber previsto lo que teníamos que invertir en ese sector durante los últimos 10 años, tenemos una creciente judicialización, lo cual significa que las decisiones no las toman las personas que deben tomarlas, sino que los jueces, cuya labor no es esa. Tenemos también una creciente preocupación y participación de la ciudadanía, lo cual es muy conveniente, pero también, a veces, una oposición a prácticamente todo proyecto de generación eléctrica.
Y los resultados son muchas veces justo lo contrario de lo que se intenta obtener, como es la experiencia de los últimos 10 años, en que casi todo el crecimiento, mucho más del 50%, provino de plantas térmicas a carbón.
De hecho, se produce un fenómeno en nuestro país, que nadie quiere tener generadoras cerca, ni líneas de transmisión, ni antenas, ni cementerios, ni basurales, pero todos queremos prender la luz, todos queremos hablar por celular, todos queremos enterrar a nuestros seres queridos y poder tener un lugar donde depositar nuestra basura.
Por tanto, tenemos que enfrentar este problema y ponernos de acuerdo en una política de Estado que sea conocida, discutida, analizada, con participación de todos, pero que podamos tener una carta de navegación y no la casuística que tenemos hoy día, en que cada proyecto se discute como si estuviéramos discutiendo el único proyecto de desarrollo energético de nuestro país.
No hay problemas, como yo les decía, hasta el 2014, pero sí podemos enfrentar graves problemas en la segunda parte de esta década, si no tomamos hoy día las decisiones que debemos tomar.
Por tanto, para enfrentar el futuro, antes que el futuro nos enfrente a nosotros, el momento es ahora.
Y desde ese punto de vista, nuestro Gobierno pidió informes de grupos de expertos, que trabajaron arduamente. En noviembre del año pasado recibimos el informe de la Comisión Asesora de Desarrollo Energético, presidida por Juan Antonio Guzmán, pocos días después recibimos un segundo informe de un grupo de personas que representaban a parlamentarios de todas las tendencias, y a muchas organizaciones de la sociedad civil, y en base a eso hemos elaborado los pilares y las bases de nuestra estrategia de desarrollo energético para los próximos 20 años.
Nuestro plan de acción, que vamos a presentar en las próximas semanas, apunta precisamente a los objetivos de una energía más limpia, más segura, más económica y que esté de acuerdo a los requisitos energéticos de nuestro país. Y se basa en un conjunto de pilares.
El primer pilar que tenemos que incorporar con toda la fuerza del mundo, es el pilar de la eficiencia energética.
No hay energía más limpia, más segura y más económica que la energía que dejamos de despilfarrar o de derrochar, y la utilizamos con conciencia y racionalidad.
Hoy día lanzamos la campaña de eficiencia energética, a través de los medios de comunicación y en la página WEB del Ministerio de Energía, un mecanismo que permita a todas las empresas y hogares poder autoevaluarse en su eficiencia energética, con un mecanismo muy simple, y adicionalmente poder medir la huella de carbono que están generando.
Por eso este compromiso con la eficiencia energética es el punto de partida de nuestra estrategia, y contempla un programa a 20 años para desacoplar el crecimiento económico del consumo de energía.
De hecho, estamos planteando una meta de desviar el 12%, al año 2020, lo que habría sido el consumo de energía sin esta campaña de eficiencia energética, y eso significa ahorrar una enorme cantidad de energía, equivalente a más de 1.100 megawatts instalados.
A través de la incorporación de tecnologías más eficientes en todos los sectores.
A través de una campaña comunicacional, educacional y motivacional.
A través del Sello de Eficiencia Energética, equivalente al Sello Propyme o al Sello Sernac, que ya hemos puesto en marcha, que distinga y reconozca a las empresas que hacen el esfuerzo de ser eficientes energéticamente.
A través de un plan del propio sector público, para que predique con el ejemplo y no solamente con las palabras, que va a afectar a todos los ministerios, reparticiones públicas, gobiernos regionales y municipalidades.
A través de una nueva institucionalidad que va a fortalecer las facultades, los atributos de la Agencia Chilena de Eficiencia Energética.
A través de un programa, que ya está en marcha, de mejorar la eficiencia en materia de luminarias, con todos los municipios de Chile.
Normas y estándares mínimos de eficiencia para automóviles, artefactos y muchos otros instrumentos.
Información y etiquetado, para que la gente sepa con claridad la eficiencia energética de los artefactos o instrumentos que está comprando.
A través de toda una normativa nueva de eficiencia energética para las viviendas sociales y los departamentos sociales.
Y a través de la creación de una comisión interministerial, que va a fijar el rumbo y que va a controlar el cumplimiento de este programa y rendir cuenta al Presidente en forma trimestral.
Un segundo pilar son las energías renovables no convencionales. Mañana viernes, 10 empresas de la minería de nuestro país van a España para buscar entendimientos y acuerdos con las principales empresas de generación de energía limpia, renovable no convencional, de forma de atraer nuevas inversiones a nuestro país.
Porque Chile fue un país pobre en las energías del pasado, combustibles fósiles, gas, petróleo, carbón, pero es un país inmensamente rico en las energías del futuro, y eso lo sabemos todos, y la tecnología viene, ya está golpeando nuestras puertas.
Un país que tiene los desiertos con mayor radiación del mundo, para la energía solar; que tiene condiciones muy privilegiadas para la energía del viento, particularmente en Coquimbo, en Los Lagos, en Aysén, en Magallanes; que tiene más del 25% de los volcanes activos del mundo, que generan energía geotérmica; que tiene, además, más de 6 mil kilómetros de costa utilizable, para aprovechar la energía de las mareas; y que también tiene un gran potencial en biomasa, y particularmente en centrales hidroeléctricas pequeñas, de pasada, dada nuestra geografía y la cercanía, los declives y las pendientes entre la Cordillera y el mar.
Por esa razón ésta es una apuesta que vale la pena tomar y que nos significa tratar de anticiparnos a lo que va a venir, porque esto viene de todas maneras, porque todos los evaluadores y expertos anticipan que el progreso en la tecnología y en la ciencia va a hacer competitivas todas estas energías. Y por tanto Chile, teniendo condiciones privilegiadas, debe apostar a no solamente esperar que esto llegue, sino que ser pionero y hacer que llegue con mayor prontitud y mayor intensidad a nuestro país.
Y por esa razón, además de la Ley 20.257, que fija una meta obligatoria de energías renovables no convencionales en nuestra matriz, hemos tomado la decisión, a través de distintas medidas, de acelerar este proceso, o de aumentar el monto de la meta o de anticipar la fecha en que vamos a cumplir esa meta.
Y para esto, sin duda tenemos que conocer y atraer a nuestro país las tecnologías que van a hacer esto posible, yo personalmente me he reunido con los máximos ejecutivos de las principales empresas que llevan la delantera en materia de tecnología en estas energías renovables, invertir mucho más en investigación, desarrollo e innovación, un apoyo del Gobierno, que va por encima de la ley que establece procedimientos y metas, a través de un fondo de promoción de estas tecnologías, que son más de 85 millones de dólares, a través de un nuevo plan de subsidios e incentivos a proyectos piloto en esta materia, a través de un nuevo sistema para financiar y cubrir riesgos de este tipo de inversiones, a través de sistemas acelerados y expresos en materia de trámites y autorizaciones, licitaciones abiertas por bloque de energías renovables no convencionales, plataformas georeferenciadas, donde cualquier inversionista va a poder conocer dónde están las mejores oportunidades y cuáles son las restricciones para poder desarrollar ese tipo de proyectos, licitaciones de terrenos fiscales aptos para este tipo de proyectos, y muchas otras medidas, de forma tal de acelerar y de profundizar este tipo de energías renovables, limpias, no convencionales, en nuestro país.
Un tercer pilar, que es parte, también, central de nuestra estrategia, recordando lo que decía el ingeniero el año 1896, y reconociendo que no podemos desperdiciar esta enorme riqueza natural que es el agua y la cercanía de la Cordillera con el mar, y las pendientes que generación de energía ellas pueden significar. Y, por lo tanto, así como Chivilingo fue la primera central hidroeléctrica, nuestro propósito es incrementar sustancialmente la participación de la hidroelectricidad, que hoy día alcanza a menos del 34%, y llevar las cifras entre el 45 y el 50%.
Hoy tenemos, sin duda, que cambiar la estructura de nuestra matriz, que es 34% hidro, 63% térmica y sólo 3%, hoy día, energías renovables no convencionales.
Y tenemos que aprovechar con inteligencia las ventajas naturales que existen en nuestro país.
El potencial de este tipo de energías, identificado y económicamente factible, supera los 20.000 megawatts.
Sólo las obras de riego existentes tienen un potencial que supera los 1.300 megawatts y que no está siendo hoy día utilizado.
Un cuarto pilar, y que hay que decirlo con toda claridad, no vamos a poder prescindir de la generación térmica. No es nuestra prioridad, pero sí va a seguir siendo, y por mucho tiempo, una necesidad, porque son centrales que pueden generar seguridad del suministro, respaldo al sistema y, además, que tiene un alto factor de planta.
Por eso nos preparamos para esto, estableciendo en noviembre del año pasado, nuevas normas de emisión para las empresas termoeléctricas, que están de acuerdo a los estándares de los países de la OCDE, y nuevas normas de calidad del aire, particularmente el PM 2.5, que no existía en nuestro país.
Por otra parte, también tenemos que reconocer que el gas natural licuado, donde ha habido enormes descubrimientos de yacimientos, de nuevas tecnologías de exploración y de explotación, hacen prever, como lo dijo una persona que me antecedió y como se lo escuché personalmente al Primer Ministro chino y al Presidente de Estados Unidos, que la generación a través de gas natural licuado, enfrenta hoy día un panorama tremendamente promisorio y auspicioso. Y, por tanto, no solamente debemos importarlo, también debemos explorar, porque sabemos que hay un enorme potencial en nuestro país, de encontrar ese tipo de energías, que nos va a permitir, sin duda, una mayor disponibilidad de provisión de energía, a menor costo y las tecnologías de la exploración y de la explotación siguen avanzando a pasos agigantados. Y todos los días conocemos de nuevos descubrimientos de yacimientos, que hacen prever que los precios de esa energía van a ser extraordinariamente competitivos en un futuro de mediano plazo.
También tenemos que darnos cuenta de la importancia de un nuevo enfoque en materia de transmisión.
Y ahí quiero enfatizar en nuestro proyecto de construir una carretera pública. La importancia de la transmisión. No sacamos nada con tener generación, si no tenemos una transmisión equivalente, que permita llevar esa energía desde donde se genera, a donde se consume. Y en general, en nuestro país se van a ir distanciando, por nuestras características, las fuentes de generación, de las fuentes de consumo.
Y, por tanto, tenemos que mejorar sustancialmente nuestra capacidad y tecnología para las líneas de transmisión, de forma tal de asegurar el suministro, de facilitar el acceso a todos los generadores y de incrementar la competencia entre los actores del sector.
Sin duda, sé muy bien que los proyectos de transmisión también están enfrentando, y han enfrentado enormes dificultades. Y, por tanto, ésta es una materia donde la carretera eléctrica apunta a crear un rol del Estado como ente planificador de las líneas troncales, de la columna vertebral de nuestro sistema de transmisión, y también como un ente que facilite, no necesariamente debe construir ni administrar las líneas, pero sí debe planificarlas y asegurar que existan y facilitar el proceso a través del cual ellas se van a construir, a través de mecanismos más expeditos, vamos a revisar la ley, en materia de otorgamiento de concesiones, servidumbres, expropiaciones, etc.
Adicionalmente, no queremos que esto sea simplemente el resultado de la iniciativa privada, sino que queremos aplicar inteligencia para optimizar nuestra red de transmisión, de forma tal de establecer una carretera pública por los lugares más apropiados, respetando, naturalmente, el medio ambiente y nuestras comunidades, para que las líneas pasen por donde deben pasar y no simplemente por donde los que las construyen quieren que pasen, o por donde sean simplemente de menor costo.
Y dentro de esta carretera pública, está contemplada la conexión entre el Sistema Interconectado Central con el Sistema Interconectado del Norte Grande, lo cual sin duda nos va a significar mayor seguridad, menor necesidad de respaldo, menor costo y mayor limpieza en la producción de energía.
Por eso que este nuevo rol del Estado en la planificación de esta red eléctrica y esta carretera pública, y también en facilitar que la carretera pública esté disponible cuando la necesitamos, va a significar un cambio importante y significativo en nuestra política pública.
Un sexto pilar, un mercado eléctrico más transparente y más competitivo, perfeccionando los mecanismos de licitación de clientes regulados, facilitando la incorporación de nuevos actores, estableciendo también mecanismos nuevos, para que la quiebra de generadores, no ocasionen los problemas que han generado las quiebras de algunas generadoras en los últimos días y meses.
Estableciendo el principio de comercializadores eléctricos, que permitan acercarnos a un sistema de poder darle mayores opciones a los distribuidores y consumidores respecto a su generación, como ocurrió con la industria de las telecomunicaciones, con el concepto del multicarrier, revisando la forma en que se fijan las tarifas.
El séptimo pilar, la integración regional. Es absurdo que en el mundo entero, o en muchas partes del mundo, como Europa, que está conectada desde los países nórdicos hasta Portugal, o Estados Unidos, desde Canadá a México, no sea para nosotros un ejemplo de que la interconexión regional tiene que ser una política que debemos buscar con realismo, con precaución, sin ingenuidad, reconociendo los errores que se cometieron en el pasado, pero no por ello renunciando a esta interconexión, que nos va a permitir sistemas más seguros, más económicos, más limpios y, por tanto, sin duda van a mejorar el bienestar de todos los países.
En esta materia quiero decir que en el contexto de la Alianza del Pacífico, estamos avanzando entre Colombia, Perú y Chile intensamente, con un proyecto que incorpora también a Ecuador y Bolivia, y hemos iniciado las conversaciones para buscar un sistema de interconexión también con nuestro país vecino, Argentina, con el cual tenemos dos líneas que corren en paralelo, tenemos diferencias de horas, con lo cual los peak de Argentina y Chile están distanciados por al menos dos horas, no tenemos las mismas estacionalidades y, por tanto, una integración que al comienzo puede ser simple interconexión para permitir y después interconexión de los sistemas, con un marco jurídico que nos dé garantías a todos, sin duda constituye una tarea y una prioridad.
El octavo pilar es perfeccionar nuestra legislación institucional e institucionalidad ambiental. Y en eso estamos comprometidos, un nuevo Ministerio del Medioambiente, la Superintendencia, el Servicio de Evaluación Ambiental, los Tribunales Ambientales Especializados, instituciones mucho más modernas, profesionales y técnicas, que van a poder tomar decisiones con mayor calidad técnica y generar mayor certeza jurídica. Eso es algo necesario, porque todo esto, todo el desarrollo energético tiene siempre que tomar en consideración primordial la protección del medioambiente y también el respeto a la vida, la forma de vida y la calidad de vida de las comunidades que se puedan ver afectadas por esos proyectos.
En relación a la energía nuclear. Repito lo que dijimos siempre: nuestro Gobierno no va a construir ni decidir la construcción de ninguna planta nuclear, pero estamos avanzando en conocer mejor esa energía, en capacitar mejor a nuestros ingenieros y en perfeccionar nuestra institucionalidad. Y nadie puede temer al conocimiento. Sólo los ignorantes le temen al conocimiento.
De forma tal que el día en que nuestro país tenga que tomar decisiones, tenga la información necesaria y la preparación suficiente para adoptar decisiones en esta materia, particularmente a la vista de lo que están haciendo países vecinos nuestros, como es el caso de Argentina y de Brasil.
Y en esto, en la protección del medioambiente, no solamente hay que resguardar que los proyectos energéticos cumplan con nuestra normativa medioambiental en forma clara y precisa, sino que también ser más inteligentes en planificar el uso de nuestro territorio.
Hay lugares que son mucho más favorables y otros muy desfavorables para la instalación de cierto tipo de actividades económicas. Y eso que es planificación territorial, es una de las prioridades que está desarrollando el Ministerio de Bienes Nacionales, que ha creado una red en que logra superponer todas las leyes, las restricciones, las oportunidades, de forma tal de facilitar una localización inteligente de las distintas actividades económicas en nuestro país, y esto se refiere no solamente al mundo de la energía, sino que al mundo de la producción y también al mundo del consumo en general.
Desde ese punto de vista, por ejemplo, en el tema de las cuencas hidrográficas de nuestro país, que las tres principales están muy cerca y, por tanto, están muy correlacionadas unas con otras, los proyectos están mirando hacia el sur, y por supuesto que tenemos plena conciencia de la importancia de proteger nuestra Patagonia.
Por eso, dentro de nuestras prioridades está un proyecto que va a significar, por primera vez, establecer con claridad una protección de nuestra Patagonia y de nuestras bellezas y riquezas medioambientales y naturales que tenemos en esa zona de nuestro país, lo cual puede perfectamente bien, si lo hacemos con inteligencia, convivir con proyectos que permitan también desarrollar esas regiones y aprovechar sus ventajas y sus riquezas naturales, particularmente en materia de potencial de generación hidroeléctrica.
De hecho, un cálculo muy simple: lo que hemos calculado es que todas las represas que alguna vez se han planteado, más las líneas de transmisión, que serían consecuencia de esas represas si se hicieran, no van a cubrir más de 200 kilómetros cuadrados. Eso es menos del 0,2% de lo que es el territorio de la Región de Aysén.
Y, por tanto, aquí quiero ser muy claro: aquí no se trata de electricidad o Patagonia, vamos a proteger la Patagonia, pero no vamos a renunciar a aprovechar las riquezas, haciéndolo con la inteligencia, el cuidado, la precaución y el cumplimiento de nuestra normativa ambiental.
Finalmente, quiero reconocer que esto va a significar cambios importantes, porque antes no existía una estrategia, no existía una carta de navegación. Y por eso estamos enfrentando todos los problemas que escuchamos a las personas que me antecedieron, en el desarrollo de nuestro sector de energía.
Tenemos claro que necesitamos energía para ser un país desarrollado, sin pobreza y con mayor igualdad de oportunidades, y que tenemos que aprovechar nuestras riquezas naturales con inteligencia, pero también con claridad y fortaleza.
Y por eso esta política, esta carta de navegación, esta estrategia de energía que vamos a plantearle al país para los próximos 20 años, estamos absolutamente convencidos que viene a llenar un vacío y que al fin y al cabo, si bien los cambios siempre significan una cierta cuota de incertidumbre, va a ser mucho más importante la certidumbre de saber que tenemos una política de Estado, discutida y acordada con los distintos agentes sociales que seguir en este mundo, en que simplemente las cosas se van haciendo sin ninguna planificación y los resultados, como muchos de ustedes lo anticiparon desde esta misma tribuna, no son los resultados ni los objetivos que Chile necesita y requiere para ser un país desarrollado, sin pobreza y con mayor igualdad de oportunidades.





