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Gas Natural y Medio Ambiente - COLUMNA DE OPINION
El Mercurio, por Carlos Cortés Simón y Marcelo Mena.

Recientemente Chile ha sido aceptado como miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la que está integrada por un selecto grupo de naciones, conocido como el "club de los países ricos". Sin duda, se trata de una excelente noticia, toda vez que nos abre un cúmulo de nuevas oportunidades -acceso a mercados y a nuevas inversiones- para seguir avanzando por el camino del desarrollo, con lo que la calidad de vida y la posibilidad de crear empleos en nuestro país se verán incrementadas.

Sin embargo, el ingreso de Chile a la OCDE nos plantea a la vez grandes desafíos y responsabilidades, especialmente en lo relativo a alcanzar un ritmo de crecimiento que sea sustentable. Uno de los temas clave en este sentido dice relación con las normativas ambientales.

En este escenario, el uso de energías limpias es una tendencia de la cual Chile no puede mantenerse ajeno, más aún en momentos en que el mundo busca combatir el cambio climático y disminuir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Hoy por hoy, se ha instalado con fuerza el concepto de la "huella de carbono", un esfuerzo por traducir el impacto de actividades y productos humanos en una cifra que permita comparar estos efectos. Parte importante de esta huella proviene de las fuentes de energía que usamos en la producción.

En el caso de Chile, la reciente llegada del gas natural licuado (GNL) abre una gran oportunidad para avanzar en este ámbito, ya que la combustión de gas natural (GN) emite casi la mitad de CO2 que la de carbón y un tercio menos que la de petróleo.

Por otro lado, no hay que olvidar que también tenemos problemas locales de calidad del aire, aún más urgentes que el cambio climático. En este sentido el gas natural se destaca aún más, tanto para la generación de electricidad como para usos industriales, calefacción domiciliaria y utilización en vehículos. Esto es particularmente relevante en ciudades como Santiago, y varias otras hacia el sur, donde las concentraciones de material particulado (PM) constantemente superan los estándares ambientales establecidos, sobre todo en los meses de invierno.

En el caso de la ciudad de Santiago, si todo el sector industrial se reconvirtiera al GN, las emisiones de PM, NOx y SOx del sector disminuirían en un 48%, 38% y 100% respectivamente, respecto a la situación anterior a la llegada del GNL.

En su uso para calefacción, el GN emite 500 veces menos material particulado en comparación con la leña. No es de extrañar, entonces, que ciudades pequeñas en el sur del país tengan peor condición ambiental que Santiago.

De igual forma, el uso del GN en el transporte público disminuye drásticamente la emisión de PM 2,5 y de gases contaminantes, además de bajar los costos de operación. Qué bien le vendría a Santiago tener una flota de buses a gas natural, como la que tendrá Punta Arenas en un futuro próximo. Qué bien le haría a la capital expandir su parque de taxis a gas natural, lo que sin embargo se ve imposibilitado por la normativa vigente, ya que inexplicablemente limita las conversiones sólo a vehículos de hasta cinco años de antigüedad. No por nada, el canal de noticias CNN ha elegido, en su último ranking anual, un modelo a gas natural como el auto más "verde" del mundo.

En consecuencia, no da lo mismo la forma de energía con la que nos iluminamos, calefaccionamos o transportamos.

Si Chile quiere avanzar en esta materia, se requiere contar con el apoyo de normativas claras que cuantifiquen las externalidades de generar energía a partir de los distintos combustibles. El desafío, entonces, es avanzar en regulaciones que nivelen las condiciones entre los distintos energéticos, incorporando la variable ambiental. De lo contrario, todo se reducirá a "energía barata". Y como ya hemos aprendido, lo barato cuesta caro. Y ese costo lo llevarán millones de chilenos afectados innecesariamente por la contaminación atmosférica. Y lo pagarán nuestras exportaciones, ya que tendrán que competir con productores con mucho menor huella de carbono.

CARLOS CORTES SIMON

Asoc. de Distribuidores de Gas Natural AG

MARCELO MENA, PHD

Investigador Centro de Cambio Global MIT

Profesor de Escuela de Ingeniería Ambiental, UNAB

 

Fuente: EL MERCURIO, sábado 02 enero 2010