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La incorporación del gas natural al país en 1997 ha generado una serie de externalidades positivas a la sociedad, las cuales derivan principalmente de los mejores estándares medioambientales por su menor nivel de emisión y, por ende, mejores condiciones de salud para la población.
En ciudades con altos niveles de contaminación, como es el caso de Santiago, que sufre de problemas crónicos de calidad del aire, la introducción de tecnologías menos contaminantes como el gas natural tiene un valor adicional.
Particularmente durante los meses de invierno, las concentraciones de material particulado PM-10 en la capital exceden constantemente los estándares ambientales establecidos. No en vano desde comienzos de los años 90 las autoridades han estado batallando para mejorar la calidad del aire, proponiendo e implementando dos planes de descontaminación, en 1990 y 1997.
En este contexto, la situación en que se encontraban las fuentes fijas de la Región Metropolitana al año 1997 no dejaba de ser preocupante, considerando que a fines de ese año entraba en plena vigencia el Decreto Supremo N°4 de 1992 del Ministerio de Salud, con el que se buscaba regular las emisiones de material particulado de las fuentes puntuales y grupales de la Región Metropolitana.
Las fuentes fijas se clasifican en 4 tipos: calderas de calefacción, panaderías, calderas industriales y procesos industriales. El DS N° 4/1992 del Ministerio de Salud define como fuente estacionaria puntual a toda fuente estacionaria cuyo caudal o flujo volumétrico de emisión es superior o igual a 1000 m3/hr, y como fuente estacionaria grupal a toda fuente estacionaria cuyo caudal o flujo volumétrico de emisión es inferior a 1000 m3/hr.
En este escenario, la introducción del gas natural como combustible alternativo en 1997, representó una gran noticia para el país. Por una parte, su introducción permitió a la industria un ahorro significativo en los costos necesarios para cumplir con los estándares ambientales. Por otra, también constituyó una buena noticia para la autoridad al facilitar la adopción de normas de emisión más estrictas, gracias a la disponibilidad de esta nueva tecnología.
Lo anterior se refuerza por el hecho que tecnologías de reducción de emisiones disponibles y que resultaban óptimas de implementar desde el punto de vista social (costo menor a beneficios) no fueron implementadas y recién con la introducción del gas natural se produjeron las primeras reducciones de emisión significativas en las fuentes fijas.
En particular, la disponibilidad de esta nueva tecnología permitió la reducción de emisiones de material particulado a un menor costo para las fuentes fijas. Se estima que, dado el nivel de emisión actual, las fuentes fijas puntuales ahorraron un 60% en los costos necesarios para lograr este nivel de emisión.
Los inventarios de emisiones de PM10 realizados por la autoridad para los años 1997 y 2000 muestran una disminución de un 67% en la emisión de fuentes fijas, pasando de 3.175 ton/año en 1997 a 1.045 ton/año en el 2000, lo que obedece básicamente a la introducción del gas natural en los procesos industriales (al año 2002, más de un tercio de las fuentes fijas (34%) de la Región Metropolitana usaron gas natural como combustible).
En consecuencia, si las fuentes fijas de la Región Metropolitana no usan gas natural, las emisiones del PM10 aumentaran de 689 kg/día eq a 3.298 kg/día eq. Se estima un costo ambiental asociado por este concepto del orden U$ 39 millones
Con todo, desde el punto de vista de la contaminación atmosférica y de la salud de las personas, los beneficios del gas natural se traducen en menores emisiones de contaminantes por parte de las fuentes fijas industriales y, por lo tanto, una exposición de las personas a menores concentraciones de contaminantes, con los consecuentes beneficios en la salud de la población que ello implica.
Es un hecho comprobado que la exposición a la contaminación genera una multiplicidad de efectos negativos, como aumento en la mortalidad, incremento de la utilización de los servicios sanitarios, consultas médicas, uso de fármacos, ausentismo laboral, etc., y que dichos efectos se presentan con mayor fuerza a medida que los niveles de contaminación aumentan.
En suma, a medida que se incrementan los niveles de contaminación, la complejidad, fatalidad y cantidad de enfermedades crece de manera más que proporcional.




